Ficha técnica

Título: Asamblea ordinaria | Autor: Julio Fajardo Herrero | Editorial: Libros del Asteroide | Tamaño: 12,5 x 20 cm | Páginas: 224 | ISBN: 978-84-16213-85-6 | Fecha: sept/2016 | Precio: 16,95 euros | Ebook: 9,99 euros |

Asamblea ordinaria

LIBROS DEL ASTEROIDE

Una pareja comienza a sufrir las consecuencias del desempleo y la precariedad; él decide incorporarse a una nueva organización política mientras que ella procura en vano que todo siga igual. El empleado de una moderna empresa trata de conciliar la arrebatadora fascinación que le provoca su jefe con el progresivo deterioro de sus condiciones laborales. Un joven sin cualificación se queda en paro y, para ahorrarse el alquiler, decide irse a vivir con su tía septuagenaria; la convivencia entre los dos hará aflorar serios conflictos pero también, quizá, una nueva forma de entendimiento.

Los cambios causados por la crisis nos afectan más profundamente de lo que pudiéramos pensar: influyen de manera decisiva en cómo nos relacionamos y en la percepción que tenemos de nosotros mismos, provocando enfrentamientos y reacciones que en otras circunstancias nos hubieran parecido impensables. Asamblea ordinaria es una novela sobre el impacto de la crisis económica en la sociedad española actual pero, como toda obra auténticamente literaria, es también una historia sobre la vida y sobre cómo decidimos vivirla.

La prensa dice:

«Llevamos tiempo preguntándonos cuándo se escribirá la novela que retrate la crisis en España. Puede que ya esté escrita y se titule Asamblea ordinaria.» Sergio del Molino

«En pocos libros he escuchado latir así el aire turbio de este tiempo. Asamblea ordinaria dará que hablar. Merecidamente.» Marcos Ordóñez

«Una potente novela que no está comprometida con una posición ideológica sino con la realidad, que muestra cómo la crisis económica se ha adherido a nuestra cotidianeidad y, en el ámbito oculto de lo privado, ha corroído todo tipo de relaciones.» Jordi Amat

«Hay una variada inflexión de tonos, que van del autoanálisis a la acusación. Todo ello se articula a partir de una estructura muy bien calculada, que se apoya en una serie de leitmotiv que ilustran la polaridad y la dicotomía y subrayan (…) la impostura, el engaño, la hipocresía. Todo lo cual habla en favor de la calidad de Asamblea ordinaria.» Ana Rodríguez Fischer (Babelia – El País)

«Las situaciones actuales muy corrientes son descritas con habilidad, eligiendo muy bien, sobre todo en los diálogos que no se reproducen, pero que se citan.» J. M. Pozuelo Yvancos (ABC Cultural)

«Unos personajes comunes, héroes de sus rutinas cotidianas, que luchan para salir adelante […] Miembros anónimos de la sociedad que narran su historia al lector como si de una asamblea se tratase, contando de viva voz las situaciones ordinarias que les explican como personas […] Todos tratan de que las tuercas no se pasen de rosca, de que la tabla de salvación a la que se aferran no se hunda por completo.» Miguel Ángel Ortiz Olivera

«Para algunos esta es la novela que de manera más sencilla, más elemental y más directa explica la crisis por la que hemos transitado.» Núria Escur (La Vanguardia)

«Son tres tramas que indagan en el drama privado y cotidiano sobrevenido de las relaciones personales y familiares, incluso en el conflicto intergeneracional. Y todo ello de una forma muy sencilla, pero lúcida, sin vanas pretensiones de aleccionar.» Héctor J. Porto (La Voz de Galicia)

«Asamblea ordinaria huye de posicionamientos ideológicos y su único compromiso es con la realidad, desde un prisma cotidiano.» Nora Navarro (La Provincia/Diario de Las Palmas)

«Una obra que retrata a través de tres tramas las consecuencias íntimas de la crisis: esa forma que tiene la desesperanza de calar en los huesos, la capacidad que tiene la escasez para cambiarnos la vida.» Clara Morales (InfoLibre)

«No importa que el episodio esté narrado en primera o en tercera persona, que quien habla lo haga en abstracto o pensando en otra persona en concreto, que domine con maestría las subordinadas cuando es imprescindible recurrir a ellas. Lo que importa, por otra parte, es que el hombre no es una isla. Cada suceso implica a más personas que al protagonista, hasta dar la impresión de que nadie se salva de la quema.» Ricardo Martínez Llorca (Culturamas)

«Nos sorprende la capacidad del autor para pintar un fresco de forma tan objetiva y ser a la vez tan empático con sus personajes. Una excelente novela.» Sagrario Fernández Prieto (La Razón)

«La novela es un monumental ejercicio de empatía que te acerca a la realidad como pocas cosas que yo haya leído en estos años. No juzga, no propone; simplemente relata un panorama que nos define hoy como sociedad y que lo hará durante muchos años.» Gonzalo Fanjul (Planeta Futuro – El País)

[Comienzo del libro]

Y luego está la gente que vive en otra ciudad o con la que tampoco te ves mucho, los amigos que de todas formas acaban enterándose aunque tú ya no les cojas el teléfono muy a menudo, precisamente porque casi nunca te sientes con ánimos para contarles nada. El día que por fin se lo coges siempre empiezan haciéndote ese reproche, que por otro lado es comprensible, de lo desaparecida que estás o lo difícil que es dar contigo últimamente. Enseguida te preguntan cómo te está yendo todo y ya sí que no te queda otro remedio que ponerles al día y hacerles un resumen. Cuanto más tiempo hace que no hablas con ellos, menos crédito dan y más fuera de juego los dejas. Por mucho sentido del humor que intentes echarle y mucho hierro que le quieras quitar, tampoco tardas en notar cómo se tensan a medida que el cuadro que les pintas se va poniendo cada vez más negro. Tienes la sensación de que ellos mismos ya nunca hablan de trabajo y por ejemplo notas que les cuesta preguntarte por la niña, con lo normal que es preguntarte por la niña, porque es casi como si al hacerlo estuvieran implicando una pregunta sobre su manutención 10 JULIO FAJARDO HERRERO (aunque a la vez eres consciente de que a lo mejor estás viendo implicaciones donde no las hay y bien podría ser que fuera solo cosa tuya, seguramente). En todo caso, sabes que su interés es sincero y por mucho que te cueste sientes que no está mal ponerles al corriente, y al final de todo ese relato suele ser cuando terminan ofreciéndote dinero. Siempre tardan siglos en arrancar y luego dan miles de vueltas, pero es muy fácil advertir el exceso de tacto y la sucesión de circunloquios que lo preceden y enseguida te das cuenta de adónde están queriendo llegar. Les suele costar tanto que a veces hay un momento en que de repente lo ves todo como desde fuera, y es entonces cuando no puedes evitar preguntarte quién estará más incómodo, si tú cuando ya sabes lo que te van a decir o ellos cuando aún están preparándose el terreno, perdidos en ese atolladero de eufemismos en el que siempre se meten antes de decírtelo, y va todo como por campos semánticos. Te pueden decir algo así como que oye, que si en algún momento os veis muy atascados y podría veniros bien un empujón, o que si estáis un poco con el agua al cuello y de repente os hace falta que alguien os eche un cable, y es muy curioso cómo nunca dicen dinero ni pasta ni ninguna otra palabra de las que normalmente se usan para designar ese concepto. Te dicen que si por lo que sea llegas a verlo muy mal que por favor cuentes con ellos, que les des un toque que para algo hay confianza.

 

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