Ficha técnica

Título: Artistas sin obra | Autor: Jean-Yves Jouannais | Prólogo: Enrique Vila-Matas    | Traducción: Carlos Ollo Razquin | Editorial: Acantilado | Colección: El Acantilado, 288 Género: Ensayo | Formato: 13 x 21 Rústica cosida | Páginas: 160 | ISBN: 978-84-15689-98-0 |Precio: 22,00 euros

Artistas sin obra

ACANTILADO

Cuando apareció en 1997, Artistas sin obra se reveló como un ensayo deslumbrante. En él, Jouannais nos presenta trayectorias desconocidas, virtuales, inacabadas o abandonadas (algunas de ellas, como la de Félicien Marbœuf, creaciones a su vez de Jouannais), cuyas sombras se hacen presentes en los márgenes de la literatura. Este libro nos dibuja un panorama que pone en entredicho, insidiosamente, nuestras más arraigadas certidumbres estéticas. 

«Este delicioso y singular libro, que encierra todo un brillantísimo universo de lo nunca o casi apenas existido, encarna uno de los encuentros más felices de la literatura: el diálogo entre dos escritores, el español Enrique Vila-Matas y el francés Jean-Yves Jouannais. Ambos se dedicaron a recopilar obras y artistas que dijeron «no», bien a mitad de camino, bien antes incluso de empezar su carrera. Deslumbrante y lleno de ironía e ingenio. No tiene desperdicio, lo mismo que el espléndido prólogo de Enrique Vila-Matas». Mercedes Monmany, ABC

«Un libro magnífico. Podría inducir nuestros escritores hamletianos a dejar de escribir, pero más bien moverá los futuros autores a reflexionar sobre las exigencias del arte en un momento histórico en que sobran escritores, faltan lectores, cierran editoriales y librerías, y, en general, todo el mundo se ha vuelto tecnológico y electrónico. Este libro, que queda resumido a la perfección en el prólogo de Vila-Matas, más tiene que ser considerado un estímulo a la creación que una traba. Eso sí: el arte, hoy más que nunca, está obligado a perseguir la perfección». Jordi Llovet, El País

«El ensayo aparece oportunamente prologado por Enrique Vila-Matas, quien expone aquí su ya conocida fascinación hacia esa narratividad formada por alusiones y referencias, más que por textos publicados. Es el anuncio de lo que Jouannais desarrollará en las páginas siguientes con rigor expositivo y amena metodología teórica. Jouannais repasa una variada tipología de rarezas autoriales. Un conjunto de apócrifas anécdotas, extravagantes biografías y desconcertantes experiencias compone la esencia de una literatura vagamente referencial a cargo de unos visionarios, heterodoxos, mistificadores, geniales autores sin obra, aunque sobrados de arte y sensibilidad».Jesús Ferrer, La Razón

«De muy pocos libros-tal vez sólo de Artistas sin obra-puedo decir lo que ahora digo: que estoy seguro de que estaba destinado felizmente a encontrármelo, a leerlo, a verme inspirado decisivamente por él, y que esa influencia no fue nunca creada para el tiempo leve de un eclipse, sino para el resto de mis días». Enrique Vila-Matas
                                                
«Un libro de culto».Andrew Gallix,
The Guardian

«Jouannais manifiesta y transmite un amor infinito por la literatura». Valérie Gérard,
Le Monde
I
PUBLICAR O NO EL CEREBRO
     «Durante un siglo los Wittgenstein produjeron armas y máquinas, hasta que en fin y final de cuentas produjeron a Ludwig y a Paul, al famoso filósofo que hizo época y al loco, por lo menos en Viena, no menos famoso […], el cual, en el fondo, era tan filosófico como su tío Ludwig, lo mismo que, a la inversa, el filosófico Ludwig tan loco como su sobrino Paul, a uno, Ludwig, lo hizo famoso su filosofía, al otro, Paul, su locura. Uno, Ludwig, fue quizá más filósofo, el otro, Paul, quizá más loco, pero posiblemente creemos que el primero, el Wittgenstein filosófico, es el filósofo, sólo porque llevó al papel su filosofía y no su locura, y que el otro, Paul, era un loco porque reprimió su filosofía y no la publicó y sólo exhibió su locura. Los dos eran personas totalmente extraordinarias y cerebros totalmente extraordinarios, uno dio publicidad a su cerebro y el otro no. Podría decir incluso que uno publicó su cerebro y el otro practicó su cerebro».
     Esta tendencia que comparte la familia Wittgenstein atraviesa igualmente la historia del arte. En los textos, esta disciplina se limita por convención a dos parámetros: los artefactos y las firmas. No va más allá de una cronología de los objetos producidos y de un índice de nombres propios. Omite la crónica que resultaría de otros criterios, como por ejemplo una relación de los fenómenos artísticos según la idea, o según el gesto o la energía. Esta crónica discreta relataría las Vidas poco ilustres de artistas que no han producido objetos, pero que no por ello han dejado de ejercer una influencia fundamental en su época. Una crónica que, sin abandonar la confianza en el arte, partiría de una certeza, la de la inestimable felicidad que nos proporciona mirar cuadros, leer libros, ver películas.

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