Ficha técnica

Título: Aquella mitad de mi tiempo | Autor: Javier Marías | Editorial: Galaxia Gutenberg | Páginas: 428  | Formato: 13 x 21 | Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta | Género: Ensayo | Precio con IVA: 24 euros   | ISBN: 978-84-8109-725-2

Aquella mitad de mi tiempo

EDITORIAL GALAXIA GUTENBERG

Esta obra reúne los artículos de Javier Marías de carácter más personal, así como una larga entrevista, inédita en nuestra lengua, que Marías concedió a The Paris Review. El lector tiene la oportunidad de conocer mejor al autor en un sentido amplio; no sólo a través de sus peripecias vitales sino también mediante sus reflexiones sobre aspectos humanos que le preocupan o interesan. Desde que a las pocas semanas de nacer lo subieron a un avión rumbo a América hasta cómo ha llegado a ser rey del misterioso Reino de Redonda… todo está en estas emocionantes páginas, en las que Javier Marías también evoca a las personas que más han significado en su vida.

El título general de este volumen, Aquella mitad de mi tiempo, se corresponde con el de uno de los artículos que lo componen. Como verá el lector, en aquella ocasión la referencia era exacta: lo escribí al darme cuenta de que habían pasado tantos años desde la muerte de mi madre como años había yo coincidido con ella en el mundo, lo cual me produjo, por decirlo sin aspaviento, una enorme extrañeza. Mi madre murió cuando yo tenía veintiséis, y aquel artículo lo escribí a los cincuenta y dos.

Han transcurrido otros cuatro, y, por mucho que en términos generales nuestras vidas se vayan alargando cada vez más, sería iluso pensar, a mis cincuenta y seis actuales, que tan sólo he consumido la mitad de mi tiempo y que me queda otro tanto. Tal posibilidad sería también una verdadera maldición: como la perspectiva de una tarea inacabable, que además habría de llevar a cabo en -digamos- «condiciones menguantes». De modo que ahora hay que tomar este título, el de este libro improvisado, en un sentido metafórico.

Porque lo cierto es que, a la vez que uno es consciente de sus probabilidades, o de su probable duración, estamos instalados en la vida de tal manera que se nos hace muy costoso abandonar la idea a la que estamos acostumbrados, a saber: la de que tenemos siempre, si no todo, mucho tiempo por delante; y de que lo pasado, lo que ya admite sólo el recuerdo, pueda ser otra cosa que -indefinidamente- la mitad, «aquella mitad». Nunca he olvidado cuánto me sorprendió oírle decir a mi madre una vez (y ella murió una semana antes de cumplir los setenta y cinco), cuando se disponía a viajar con mi padre a Lisboa: «Hay que ver. La primera vez que fuimos, tenía toda la vida por delante, y ahora resulta que la tengo ya por detrás». Habían estado allí, si no en viaje de novios, al poco de contraer matrimonio.

Sí, todavía ahora se me hace difícil ver nada de lo sucedido «por detrás». Es como si todo lo vivido -lo conservado y lo pedido, ambas cosas por igual- lo tuviera tan incorporado que en cierto modo aún formara parte de mi presente, o fuera lo que en muchas ocasiones he llamado «el hilo de la continuidad». Tal vez se deba a que nunca he sido de los que «queman» ni «superan etapas», ni siquiera las peores. La palabra «superar», referida al tiempo o a la vida, me parece antipática y desleal. Sin duda hay personas que olvidan rápidamente, hoy en día son mayoría, o así parece. Hay otras que, sin «vivir en el pasado», avanzan impregnadas de él y lo llevan permanentemente consigo. No como una carga, sino como un bagaje sin el cual no se reconocerían, o se sentirían desagradablemente incompletos. A buen seguro pertenezco a esta segunda clase de individuos.

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