Ficha técnica

Título: Años de perro | Autor: Günter Grass | Traducción: Carlos Gerhard | Editorial: Alfaguara | Colección: Literaturas | Páginas: 696 | Formato: 15×24 | Encuadernación: Rústica | ISBN: 9788420406992 |     Precio: 22 euros

Años de perro

ALFAGUARA
                           

Una novela monumental del premio Nobel de Literatura Günter Grass, de gran vigencia hoy, a cincuenta años de su publicación.

Años de perro es la gran novela que Günter Grass publicó pasado casi un lustro de silencio tras El tambor de hojalata: un enorme fresco de la Alemania en que nace, se desarrolla y desaparece el arrebato imperial del nacionalsocialismo. Su propia técnica es ya una sátira, un ajuste de cuentas con la megalomanía cultural e histórica que culmina en el nazismo. Todo en esta novela es original, porque había que reinventar el lenguaje y la narrativa para describir los horrores nuevamente inventados.

Hoy, cuando el pensamiento brutal y quirúrgico de las ideologías fascistas es una amenaza tanto como entonces, Años de perro recupera el valor de un aviso urgentísimo.


La crítica ha dicho…

«Grass escribe como testigo de su época. Su proyecto literario se erige contra el olvido y el silenciamiento del pasado».  Cecilia Dreymüller, Babelia

«Fue Günter Grass quien me demostró que era posible ser un  autor vivo y escribir con la enorme paleta de emociones y el imparable torrente de palabras de Dickens. La escritura de Grass estaba llena de furia, amor, burla, bufonadas, pathos… y todo con una consciencia
implacable.» John Irving

Libro primero

Turnos de madrugada

Primer turno de madrugada

Cuenta tú. No, cuente usted. O tú cuentas. ¿O ha de empezar acaso el actor? ¿O los espantapájaros, todos a la vez? ¿O vamos a esperar a que los ocho Planetas se hayan apelotonado en el signo del Acuario? ¡Hágame el favor de empezar usted! 

Al fin que en aquella ocasión fue su perro. Sí, pero antes que mi perro, ya su perro y el perro del perro. Alguien tiene que empezar:tú o él o usted o yo… Hace muchas puestas de sol, mucho antes de que nosotros fuéramos, ya el Vístula fluía día tras día, sin reflejarnos, y desembocaba sin cesar.

El que aquí lleva la pluma se llama de momento Brauxel, dirige una mina que no produce ni potasa, ni mineral, ni carbón, y ocupa, sin embargo, en galerías de extracción y en tajos parciales, en cobertizos y corredores laterales, en la caja de paga y en la expedición, ciento treinta y cuatro trabajadores y empleados: de un turno al siguiente.

Irregular y peligroso corría el Vístula anteriormente. Así, pues, se llamó a mil terraplenadores y se excavó, en mil ochocientos noventa y cinco, de Einlage hacia el norte, entre las lenguas de tierra de las aldeas Schiewenhorst y Nickelswalde, el llamado corte. Al dar al Vístula una nueva desembocadura como tirada a cordel, se redujo el peligro de inundación.

El que aquí lleva la pluma escribe las más de las veces Brauksel como Castrop-Rauxel y, en ocasiones, como Haksel. Cuando se le antoja, Brauxel escribe su nombre como Weichsel[Vístula]. Dictan el placer del juego y la meticulosidad, y no se contradicen.

Corrían los diques del Vístula de horizonte a horizonte y, bajo la vigilancia del comisario para la regulación de los diques, en Marienwerder, habían de resistir a la crecida primaveral y a los aguaceros de Santo Domingo. ¡Y ay cuando había ratones en el dique!

El que aquí lleva la pluma, dirige una mina y escribe su nombre diversamente, se ha dispuesto sobre el tablero despejado del pupitre, con setenta y tres colillas, producto del fumar de los dos últimos días, el curso del Vístula antes y después de su regulación: montoncitos de tabaco y ceniza harinosa representan el río y sus tres desembocaduras; las cerillas quemadas son los diques y lo contienen.

Hace muchas muchas puestas de sol: he aquí que viene del Kulmisch, donde en cincuenta y cinco junto a Kokotzko el dique había cedido a la altura del cementerio de los menonitas -aún varias semanas después permanecían los ataúdes atrapados en los árboles-, el comisario para la regulación de los diques, aunque él a pie, a caballo o en barca, con su levita y nunca sin la botellita de aguardiente de arroz en espacioso bolsillo, él, Wilhelm Ehrenthal, quien en versos antiguos y sin embargo festivos había escrito aquella «Epístola contemplativa del Dique» que al poco tiempo de su aparición había sido remitida con amable dedicatoria a todos los condes del dique, a todos los alcaldes rurales y a todos los predicadores menonitas; él, aquí nombrado para no volver a nombrársele más, inspecciona río arriba y río abajo las obras de contención, las presas y las defensas, ahuyenta del dique a lechones, porque según ordenanza de la policía rural, párrafo octavo, de noviembre de mil ochocientos cuarenta y siete, le está prohibido a todo ganado, ya sea de pluma o de pezuña, pacer en el dique o hurgar en él.

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