Ficha técnica

Título: Annual | Autor: Eduardo Ortega y Gasset Editorial: Ediciones del VientoColección: Viento Sumún Nº 40 |  Precio: 17,50 €   |  Páginas: 200  | Peso: 375 grs. | Formato: Rústica 16 x  24 | Género: Novela  | ISBN: 978-84-96964-31-0

Annual

EDICIONES DEL VIENTO

Cuando en julio de 1921 llegan a Madrid las primeras noticias de los sucesos de Annual, el diputado y periodista Eduardo Ortega y Gasset viaja rápidamente a Melilla para cubrir la guerra. Allí conoce al soldado madrileño Bernabé Nieto, que ha sobrevivido a la masacre (en la que morirían más de diez mil españoles) y relata al reportero su horrible experiencia, lo que se refleja en la primera mitad de esta obra. En la segunda el autor, político, pero también auténtico corresponsal de guerra, nos narra las operaciones para recuperar el territorio perdido en unas crónicas en las que aparecen personajes como Franco, Sanjurjo, Abd-el-Krim, Millán Astray, Indalecio Prieto, Cabanilles. Esta obra del mayor de los Ortega se encontraba inédita desde su publicación en 1922. 

Prólogo

Transcurría la última decena del mes de julio del pasado año. Ningún indicio exterior revelaba inquietudes ni preocupaciones en la opinión pública. El asunto de Marruecos era para la atención general como una vieja incomodidad en la que nadie pensaba. Dominaba sólo en Madrid por aquellos días el trajín de los viajes veraniegos, en que el hombre laborioso busca un necesario descanso, o en que una multitud frívola hace cambiar de postura a su ociosidad en las playas concurridas.

  Esta tranquilidad, esta inconsciencia, se vió súbitamente turbada por noticias gravísimas, que anunciaban un fuerte descalabro sufrido por nuestras tropas de la zona de Melilla. El rumor era inicialmente impreciso, vago, pero portador de una densa obscuridad, como esas nubes plomizas que amenazan con el pedrisco. Poco a poco aquella impresión se fue poblando de detalles trágicos, y el contorno de la desdicha fué apareciendo ante el público con terrible diafanidad.

  Uno de los fenómenos colectivos más digno de ser examinado, y que tiene en este prólogo su oportunidad, es el de la total sorpresa a que antes aludía, con que la catástrofe llegó a sacudir fuertemente los adormecidos nervios de la opinión. Esta inveterada inclinación al sueño, tan dañoso porque no previene, y al no constituirse en acicate de lo Gobiernos invítales también a la negligencia y al abandono, ¿es natural en ella o provocada por el régimen en que vivimos? Sin negar una parte de culpa en ese abandono a nuestra idiosincrasia meridional, ella no sería bastante a producir tan lamentables efectos sin el error arcaico en nuestros gobernantes de considerar como principal remedio el uso y el abuso de la morfina. Podríamos decir que los Gabinetes que se suceden en la dirección de la política y de nuestra vida nacional son empecatados morfinómanos. Consideran de buena fe, como excelente norma de disciplina social, el aislar al público de la exacta visión de sus problemas y de la completa gravedad de los sucesos desgraciados. Y como el primer factor para que exista una opinión española es que se encuentre asistida de informaciones verídicas, no es de extrañar la provocada inconsciencia en que los más fuertes y terribles acaecimientos sorprenden a aquella.

  Si la Prensa, acaso cumpliendo altos deberes, previene los peligros, no faltan agrios patrioteros que la califiquen de alarmista. Yo escribo el viernes 5 de noviembre de 1920 el artículo inicial de La Libertad, no firmado en que se denunciaba la escasez y deficiencia del material de guerra de nuestro ejercito marroquí y se hacían prevenciones sobre su posible ineficacia. De ese trabajo periodístico copio el siguiente párrafo:

En el presupuesto de Guerra hace el contribuyente sobrados sacrificios para exigir que nuestra acción en Marruecos esté acompañada de cuantos medios sean convenientes. Por eso vemos con dolor y consignamos con tristeza, interpretando el sentir general, las manifestaciones que autorizados técnicos, juntamente con los informadores periodísticos que han asistido a las últimas operaciones formulan sobre la evidente carencia del material de guerra adecuado. Ni tanques de ataque, ni artillería moderna y abundante, ni aeroplanos, arma de un valor estratégico en esta clase de combates, tienen nuestros soldados de África con la profusión necesaria para multiplicar su acción y ahorrar el sacrificio de su sangre. Este género de negligencia, en el que se cuenta sólo con el heroísmo de los oficiales y soldados, será muy de la vieja sentimentalidad bárbara, que igualaba a los combatientes en un juicio de Dios o en una lucha caballeresca por la dama o el honor; pero nuestros soldados tienen derecho a no estar expuestos a un cuerpo a cuerpo con un montañés de Xaven. La superioridad de pertenecer a una nación civilizada, que tiene a su servicio a la ciencia y a la técnica modernas, se ha de percibir en el conjunto como en los detalles, y será enorme la responsabilidad de nuestros generales o del Gobierno, llamados a ponderar sus fuerzas, si se sacan las tropas desguarnecidas de cuantos medios sean precisos para el triunfo, sin quebrantos ni mortales angustias, como tiene derecho y posibilidad de obtenerlos España frente a unas tribus belicosas.

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