Ficha técnica

Título: Aniara | Autores: Harry Martinson  | Traducción: Carmen Montes | Editorial: Gallo Nero | Colección: Narrativas  | Tamaño: 14x19cm | Páginas: 184 | ISBN: 978-84-9423576-4 | Precio: 18,00 euros 

Aniara

GALLO NERO

«Yo me preguntaba, pero olvidaba responder. Me soñé una vida, pero me olvidé de ser. Viajé alrededor del todo, pero me olvidé de partir: pues preso estaba aquí, en Aniara».

Aniara es el nombre de la nave espacial cuya misión es transportar a Marte a los últimos supervivientes de la Tierra devastada por una explosión nuclear. Después de una colisión con un asteroide, la nave se sale del sistema solar y queda eternamente perdida en el espacio sin fin. El buque estará destinado a viajar por otros 15.000 años antes de llegar a las proximidades de otra estrella.

Aniara es la obra más singular de cuantas escribió el premio Nobel Harry Martinson, pero también uno de los poemas más extraordinarios y conmovedores de la literatura del siglo XX, un viaje existencial en el que resuenan los grandes clásicos suecos o las grandes epopeyas de la literatura universal.

NOTA A LA TRADUCCIÓN
Harry Martinson (1904-1978), que perteneció a la llamada generación de escritores proletarios, fue el primer autodidacta que ingresó en la Academia Sueca. Ganó el Premio Nobel en 1974.
     En 1953 publicó Cigarra, un poemario que incluía una serie unitaria e independiente de veintinueve poemas recogidos bajo el título El canto de Doris y Mima, de forma (épica) y temática (ciencia ficción) muy diferentes a las del resto del libro. La crítica acogió positivamente el nuevo libro de Martinson, pero celebró muy en particular la serie sobre Doris y Mima, donde aparece por primera vez la goldondra Aniara.
     Tres años más tarde, en 1956, el autor añadió a esos veintinueve poemas otros setenta y cuatro, y publicó los ciento tres cantos resultantes en un libro titulado Aniara.
Aniara es la obra más singular de cuantas escribió Harry Martinson, pero también uno de los poemas más extraordinarios y espectaculares de la literatura del siglo XX.
Y lo es no solo porque el viaje espacial que narra a la manera de las grandes distopías sea, además, un viaje existencial en el que nos reconocemos hoy, más de medio siglo después; ni porque resuenen en sus versos los grandes clásicos suecos o las grandes epopeyas de la literatura universal; ni tampoco por la variedad de géneros y registros que recrea -de la tragedia a la comedia, de la ironía a la franqueza descarnada, de lo épico a lo lírico, de lo ínfimo a lo sublime-; ni por la modernidad estremecedora de sus planteamientos y de su visión del mundo; ni tampoco por la prisión de metro y rima que se mantiene y se desarrolla a lo largo de los ciento tres cantos que componen el relato; ni siquiera por la multiplicidad de niveles simbólicos paralelos, superpuestos, enfrentados, concéntricos, que sustentan un significado denso y no menos múltiple; ni porque recurra a ciencia y poesía como dos vías complementarias de conocimiento; sino además y sobre todo, porque nos transporta, desde la primera línea, a un mundo fantástico enteramente personal y único que cautiva sin remisión al lector de hoy -que se reconoce fácilmente como viajero de la nave espacial Aniara-, igual que cautivó al lector de su época y que, sin duda, cautivará al lector del futuro. Una vez que entramos en Aniara, no queremos ni podemos salir sin saber qué ocurre, sin conocer el destino de los personajes que la habitan, sin conocer el final.

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