Ficha técnica

Título: ¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa | Autora:  Pauline Butcher | Traducción: Manuel de la Fuente y Vicente Forés | Editorial: Malpaso Páginas 407 | Formato: 14 x 21 cm  |  Encuadernación: Tapa dura  Precio: 22,00 euros |  Año de publicación: febrero 2016 |

¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa

MALPASO

Unas memorias divertidísimas y apasionantes sobre los años dorados de la cultura underground y uno de sus gurús, Frank Zappa.

Londres. 1967. A Pauline su sueldo a penas le alcanza para vivir en la mágica metrópolis contracultural de los sesenta. Tiene 21 años y es secretaria por horas. Pero un inesperado encuentro cambiará su vida: un tal Frank Zappa solicita sus servicios como mecanógrafa, tiene que transcribir con urgencia las letras de las canciones de su álbum Absolutely Free. Ese encuentro cambiará la vida de Pauline, que aceptará viajar a Los Angeles para formar parte de la tribu de The Mothers of Invention.

Pasmada, sin dar crédito a cuanto sucede a su alrededor, la intrépida mecanógrafa, se convierte en testigo de los encuentros de Zappa con Mick Jagger, Marianne Faithfull, George Harrison, Eric Clapton o Captain Beefhearth, y asiste religiosamente a los extáticos ensayos del grupo por los que desfilan toda suerte de freaks, artistas, farsantes, tunantes, drogotas y tiernos soñadores.

Ningún fan de Frank Zappa que se precie puede considerar completa su colección de libros sobre el genio sin contar con este extraño diario. Es, tal vez, la obra que, sin pretenderlo, mejor nos acerca a la vida cotidiana de uno de los músicos más relevantes del siglo XX.

 

Introducción

Retrato íntimo de un músico iconoclasta

En 1967, mientras Estados Unidos vivía el «verano del amor», una oficinista de Londres llamada Pauline Butcher recibió el encargo de reunirse con un músico de rock alojado en un hotel de Kensington para ayudarlo en la promoción de su último disco. Pronto descubriría que aquél no era un cometido cualquiera porque, al llamar a la habitación, quien le abrió la puerta fue Frank Zappa. Fascinada por su carisma y cansada de una vida rutinaria, no se lo pensó cuando éste, al cabo de unos meses, le propuso trasladarse a Los Ángeles para trabajar con él en la redacción de un ensayo político. Que a unmúsico le interesara la política parecía una grata anomalía en quien tenía cierta fama de raro, pensó ella. Pero ahí no quedaría la cosa: una vez instalada en su nuevo hogar, Zappa le confesó su intención de ser presidente del país.

     Ciertamente, a Pauline Butcher la esperaban unos años muy intensos: no sólo trabajó para Frank Zappa, sino que vivió con Frank Zappa. El músico acababa  de trasladarse a la Costa Oeste con su mujer y su hija recién nacida tras deleitar durante buena parte de 1967 a los neoyorquinos en el off-Broadway con un espectáculo innovador que combinaba el rock con la sátira política y las performances del público. Alquiló una casa enorme en Laurel Canyon, a un paso de los estudios de Hollywood, donde se instalaron también su banda, el grupo los Mothers of Invention, y algunos ayudantes. Compartían techo, en total, una docena de personas incluida la nueva secretaria inglesa, que habría de realizarmúltiples tareas mientras se iba aplazando la entrega del libro.

     Poco sabía entonces aquella chica tímida sobre Frank Zappa. Con el tiempo fue conociendo a un artista de verbo afilado y cultura musical enciclopédica obsesionado con el trabajo, contrario al consumo de drogas y a quien todos calificaban de genio. Había debutado el año anterior con un disco considerado el primer álbum conceptual del rock, Freak Out!, en el que esbozaba un retrato demoledor de la sociedad estadounidense de los años sesenta y arremetía contra el sistema educativo del país, la clase política y el inmovilismo de una ciudadanía conformista. Su segundo disco, Absolutely Free, certificaba la subversión consistente en amalgamar diversos géneros y estilos musicales, desde la música clásica hasta el blues pasando por el doowop, el rock y el jazz, con el objetivo de apelar a la inteligencia del oyente y superar así la pasividad denunciada en las letras de las canciones. Si la cultura, la política y el sistema educativo estaban podridos, entonces había que sacar a la gente de su letargo.

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