Ficha técnica

Título: Al otro lado de la noche | Autor: Jan van Mersbergen | Editorial: Rayo Verde | Traducción: Goedele de Sterck | Ilustración: Cristina Serrat | Formato: libro papel
| ISBN: 978-84-15539-52-0 | Páginas: 192 | Precio: 19.00 euros

Al otro lado de la noche

RAYO VERDE

 

Una noche de carnaval. Una noche de carnaval tras cinco años sin una noche libre. Disfrazarse. Ser uno mismo. Estar solo. Emborracharse. Entregarse. Perderse. Reir. Convertirse en padre. Añorar. Follar. Llorar. Pelearse. Encontrarse. Mantenerse en pie. Sentirse parte de algo. Vivir.

«Una novela magnífica. No sobra ni una palabra, y no hay ni rastro de sandeces seudopoéticas, ni siquiera después de setenta cervezas. La travesía catártica de Ralf reviste la particularidad de que el protagonista la recuerda a la mañana siguiente. (Y usted también.)».
VPRO Gids.

«Hay algunos libros que leo de un tirón, como éste, que me cautivó sin remedio. Es una obra espléndida, en la que las diferentes líneas narrativas encajan a la perfección. El final se me antoja sublime».
Rogier Knipscheer,
Koops Boeken, Venlo.

«Lleno de amor, poético, maravilloso. ¡Jan van Mersbergen ha vuelto a escribir una obra maestra!».
Ton Schimmelpennink
, Librería Schimmelpennink, Ámsterdam.

«Al otro lado de la noche es un libro sobre la amistad, la lealtad y el amor. Van Mersbergen emplea 180 páginas para mostrar algo para lo que otros escritores necesitan al menos el doble: la vulnerabilidad de la existencia». De Telegraaf.
 
«Soberbio. Contenido pero furioso, compacto pero desenfrenado. Auténtico. Chapó». Gerbrand Bakker.

Premio BNG 2011

Finalista AKO 2012

 

 

Comienzo del libro

Por Carnaval no vas disfrazado de otra persona; por Carnaval al fin eres tú mismo.

Esto es lo que acaba de decirme un tipo al que no conozco y al que en este momento rodeo con el brazo. Un tipo con una peluca gris y una larga sotana negra, de esas que lucen una infinita hilera de pequeños botones oscuros. Espero que mi brazo pueda seguir descansando un buen rato sobre sus hombros.

Al fin yo mismo.

Los hombros del Cura son anchos y fuertes. Me sostienen del mismo modo que los gruesos muros de la iglesia lo hacen con la gente que se apoya en ellos, o como las columnas de los soportales sostienen a aquel solitario tamborilero fatigado, allí a la derecha. Llevo por lo menos tres cuartos de hora aquí, en la Gasthuisstraat, hecho un paquete en mi traje sin forro de Barquero, junto a la banda de música que no para de trompetear melodías a la fría atmósfera. 

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