Ficha técnica

Título: Aguafuertes | Autor: Roberto Arlt | Prólogo: Toni Montesinos | Editorial: Hermida Editores | Colección: El Jardín de Epicuro – No Ficción | Presentación: Rústica | Formato: 14 x 21,5 cm. | Páginas: 546 | ISBN: 9788494360657   | Precio: 21,95 euros

Aguafuertes

HERMIDA EDITORES

Entre febrero de 1935 y julio de 1936, Roberto Arlt publicaría en el diario porteño El Mundo, en el que colaboraba desde 1928, y gracias al cual alcanzó una inmensa fama, más de doscientas columnas, en la sección «Aguafuertes Españolas». En ellas relató sus andanzas a lo largo y ancho de la península e incluso su salto al continente africano para visitar Tánger, Ceuta y Tetuán. Toda una aventura que le llevaría a mil y una situaciones festivas y peligrosas, a descubrir la liturgia religiosa y el frenesí político que se respiraba a las puertas de la Guerra Civil.

Como dice su biógrafa Sylvia Saítta: «Si los escritores de la élite escriben porque han viajado, Arlt viaja fundamentalmente para escribir mientras viaja; sus crónicas no son el resultado azaroso del tiempo disponible de quien busca hacer públicas unas percepciones de carácter privado: Arlt viaja porque su escritura es la condición de posibilidad de la existencia de su viaje, su único pasaporte de escritor asalariado».

Este viaje se presenta ahora con las Aguafuertes españolas, que Arlt preparó en 1936 (edición en la que recogió algunos de sus textos sobre Andalucía y Marruecos), y el resto completo de aguafuertes gallegas, asturianas, vascas y madrileñas. Un largo trayecto que, como sugiere Toni Montesinos en la introducción -en la que alude a algunos de los narradores que consideraron a Arlt uno de sus maestros, como Onetti, Cortázar y Bolaño-, hubiera podido constituir la esperanza de que la angustia que atenazaba al autor, y que lo hacía rabiosamente creativo y anticonformista, quedara aliviada por la ilusión de conocer la anhelada Europa.

«Llega la más amplia compilación de las aguafertes españolas a las librerías del mejor escritor de su generación: Roberto Arlt. Recomendación de El Cultural: Léanlo.«El Cultural, El Cultural recomienda

PÁGINAS DEL LIBRO

     En una entrevista de 1929 para una publicación bonaerense, un Roberto Arlt muy crítico con la literatura argentina, de la cual aseguraba que iba a quedar apenas para la posteridad Don Segundo Sombra, de su querido mentor Ricardo Güiraldes, y El juguete rabioso, su debut como novelista tres años atrás, se preguntaba y contestaba: «¿Qué opino de mí mismo? Que soy un individuo inquieto y angustiado por este permanente problema: de qué modo debe vivir el hombre para ser feliz, o mejor dicho, de qué modo debía vivir yo para ser completamente dichoso». A tenor de su trayectoria personal atribulada desde que a los dieciséis años ya tuvo que ganarse la vida en diferentes ofi cios después de que su padre lo echara de casa -en una librería, como aprendiz de hojalatero, de pintor y de mecánico, corredor de papel y empleado en una fábrica de ladrillos y en el puerto-, y su desafortunado matrimonio, que defi nió como «ocho años de condenación», «ocho años de angustia», en una carta a su hermana Lila poco después de esa entrevista, y cuyo dolor acababa de exorcizar a través de su alter ego Erdosain en Los siete locos, tal preocupación por alcanzar la dicha cabrá relacionarla estrechamente con su creación literaria. En la misma misiva afi rmaba, entre petulante y patético: «Soy el mejor escritor de mi generación y el más desgraciado. Quizá por eso seré el mejor escritor». Una percepción que, sin embargo, pocos años después pudo sufrir, siquiera eventual o ilusoriamente, un cambio esperanzador.

     Tal cosa tiene una fecha de inicio que cambiará su vida -la poca que le quedaría, hasta que en 1942 se lo lleve un ataque cardíaco- e incluso su obra: el 14 de febrero de 1935, cuando sube a bordo del Santo Tomé, en Buenos Aires, llegando el día 23 al puerto de La Luz, en Gran Canaria; y una fecha de regreso -el 22 de mayo de 1936, cuando el vapor Cabo San Agustín atraca en Buenos Aires tras una corta escala en Montevideo- que marcará tanto su nostalgia por lo que ha visto y sentido durante quince meses, muy lejos de su hogar y a la vez tan cerca al comprobar cómo el pueblo gallego, por ejemplo, tiene lazos directos con la emigración a la Argentina, como por la compasión y pena por la España prebélica que conoció de cabo a rabo.

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