Ficha técnica

Título: A Moscú sin Kaláshnikov | Autor: Daniel Utrilla Vizmanos  | Editorial: Libros del K.O. | Colección:  | Género: Novela | ISBN: 978-84-16001-03-3 | Páginas: 512  | Precio: 18,90 euros

A Moscú sin Kaláshnikov

LIBROS DEL K. O.

Este libro es un striptease sentimental envuelto en papel de periódico y conservado a 20 grados bajo cero.

Se puede leer como una novela de formación, de amor, de muerte, de reflexión, de estrés, de periodismo, de literatura, de los escalofríos del scoop, en medio de un hilarante choque cultural que enreda al autor y al lector en las aspas del gigante ruso.

Este libro refleja el resultado de 11 años de periodismo y de búsqueda incesante de historias en Rusia, que llevaron al autor a remotos y pintorescos rincones de la antigua Unión Soviética: Baikonur, el lago Baikal, Yekaterimburgo, Yakutia, Chernóbil, pero sobre todo Yásnaia Poliana, la finca donde nació, creó, vivió y fue enterrado Lev Tolstói, verdadero guía de este viaje.

Este libro también es una guía para perderse. Para perderse por Moscú, por sus calles, barrios e iglesias, pero ante todo es una guía para perderse entre sus gentes, entre personajes reales que pasan por literarios (desde el embalsamador de Lenin, al sexólogo que conserva el pene de Rasputín, pasando por taxistas uzbekos forofos del Real Madrid, veteranos de guerra, modelos, oligarcas, inventores locos, cosmonautas, pintores, Putin, escritores, ex agentes del KGB, Kaspárov, niños de la guerra, ex combatientes de la División Azul o los últimos bolcheviques); y entre personaje literarios que pasan por reales (el príncipe Bolkónski, Natasha Rostova, el doctor Zhivago). En este paseo por Moscú conviven dos Rusias, la real y la irreal, preexistente y ficticia, que llegó a Occiente encuadernada en forma de novela.

Una mirada distinta sobre Rusia, en las antípodas de la visión altanera y ensañada del periodista occidental enviado a Moscú. Una mirada sin Kaláshnikov.

«A Moscú sin Kaláshnikov es, en definitiva, un estupendo manual de consulta para no perderse en un país tan vasto como fascinante. Daniel Utrilla y Libros del K.O. nos han puesto a Moscú (y a la URSS, y a Putin, y a Rasputín, y a Tolstoi) al alcance de la mano. No queda otra que darles las gracias en su idioma: Spasibo!» Víctor Martín-Pozuelo en Hoyesarte.com

«Como mínimo a la altura del mejor Enric González. Como mínimo». Jorge Bustos en Twitter

«Un análisis de antropólogo que con maña de cirujano abre con exquisita precisión las tripas de una nación que vive todavía desubicada, aún en plena ebullición capitalista, pero con la mirada siempre puesta en su pasado soviético reciente». Pablo Oliveira y Silva en Público

«Pueden buscar el libro, leerlo y guardarlo en la estantería junto al ‘Limónov’ de Carrère o ‘La nariz de Stalin’ de McLean de con un suspiro de felicidad». Luis Alemany en El Mundo

SE LEVANTA EL TELÓN DE ACERO… Y SE VE A UN NIÑO MADRILEÑO
JUGANDO AL TETRIS 

«Sepan, pues, que nada hay más alto ni más fuerte ni más
sano ni más útil en nuestra vida que un buen recuerdo,
sobre todo si lo tenemos de la infancia, del hogar paterno.
[…] El que ha acumulado recuerdos de esta naturaleza,
es hombre salvado para toda la vida»

Fiódor Dostoyevski (Los Hermanos Karamázov

La primera palabra rusa que gravitó en mi cabeza no fue cosmonauta, si bien, el mismo día que vine al mundo, este vocablo fue uno de los más repetidos en los noticieros de todo el planeta. Aquel 16 de octubre de 1976, casi exactamente a la misma hora en que mi madre me daba a luz en una clínica de Madrid, los dos tripulantes soviéticos de la fallida misión espacial Soyuz 23 volvían a nacer en medio de un dramático rescate con helicópteros en el lago salino Tengiz, en Kazajistán, en cuyas aguas semicongeladas había impactado su cápsula de aterrizaje en medio de una terrorífica ventisca de nieve, mientras mi madre me arropaba ya contra su pecho caliente. Quizá la televisión del hospital informaba del milagroso rescate de los cosmonautas Viacheslav Zúdov y Valeri Rozhdestvensky, quizá algún periodista de TVE con patillas avanzaba, a pocos metros de nuestra cama, los detalles de aquella misión abortada por un fallo del sistema de atraque en la estación orbital Salyut 5, lo que obligó a aquellos dos cosmonautas a volver precipitadamente a la Tierra arrebujados en su útero de metal (aquella fue la primera reentrada pasada por agua en la historia del programa espacial soviético). Quizá en ese momento levitó hasta mis orejas en medio de los arrumacos familiares la palabra cosmonauta, pero yo ya flotaba en mi nuevo universo materno, más ocupado en explorar otras vías lácteas. ¿Estaba mi destino ruso escrito en las estrellas? ¿Acaso en esa esfera de metal de fabricación soviética caída del espacio que quebró la superficie helada del lago Tengiz mientras mi madre rompía aguas? Una cápsula Soyuz en descenso balístico no es exactamente una estrella de Navidad, aunque el apellido ruso Rozhdestvensky, uno de aquellos renacidos, significa precisamente navideño.

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