Ficha técnica

Título: A la vista | Autor: Daniel Sada | Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánicas | Género: Novela | ISBN:978-84-339-7229-3 | Páginas: 240 | PVP: 17,50 € | Publicación: Septiembre de 2011

A la vista

ANAGRAMA

Ponciano Palma y Sixto Araiza lo planearon todo muy bien. Había que despertar aún más la codicia nunca dormida de Serafín Farías, el dueño de la empresa de transportes, el explotador. Le hablaron de unos terrenos espléndidos que podría comprar a precio de ganga. Hacia allí fueron los tres, y en aquel lugar lejano y desértico Ponciano y Sixto mataron a tiros a Serafín Farías. Creían haber cometido el crimen perfecto, comenzarán a deambular por el siempre sorprendente México sadiano, y por otro inesperado desierto interior, en una huida hacia todos lados, en pos de ilusiones falsas o verdaderas. Una tragedia cómica, o comedia trágica, donde brilla una vez más uno de los más grandes escritores mexicanos contemporáneos, un constructor de barrocos edificios verbales, pero también fiel a la palabra de los narradores populares.

«Daniel Sada ha creado un universo único en el que caben las más dramáticas y descabelladas situaciones. Cronista de un México tan real como fantasmagórico, tan cercano y, a la vez, lejana meta de alcanzar de una lengua única, barroca, coloquial, musical y, cuando es necesario, inventada. Las suyas son novelas de delincuentes que inspiran más simpatía que miedo, de amores reñidos con todos los tópicos del amor y que, sin embargo, se alimentan del tópico y lo manipulan, y donde la atracción o, mejor dicho, la necesidad sexual y la palabra que todo lo puede crea relaciones imposibles». J.A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia.

 

Primera parte  

1

     Era un lugar poco visitado, pero atractivo, que estaba cuatro kilómetros al sur de Sombrerete. Había una barranca cuyo abismo daban ganas de ver detenidamente, al igual que una caída de agua cristalina, delgada y caprichosa. También había un ornato de árboles por doquier, además de un clima templado que prevalecía a lo largo del año. Lo estupendo de aquel paraje se limitaba a la eficacia de las palabras, pues no existía una foto que diera una noción más tajante de esa supuesta maravilla. Cierto que ninguna persona rondaba por ahí, por lo que se obvia que ninguna casa se vislumbraba a la redonda. Sin embargo, la venta de terrenos en esa área era una ganga. Y aprovechar, pero, como se trataba de una promoción, la añadidura de cualidades debía ser entusiasta, nunca exagerada, para que no pareciera una mentira. Lo que sí que a Serafín Farías ninguna descripción le era suficiente. Necesitaba la foto, la exigió, a fin de poder animarse a invertir bien a bien. Y pronto ese detalle tuvo que convertirse en un gran problema para Ponciano Palma y Sixto Araiza. Luego de un mes y medio, estos promotores trajeron fotos del lugar. El muestreo se llevó a cabo en una mesa de cantina. 
     Y el desengaño consecuente: existía la barranca, pero no la caída de agua; existía el clima templado, pero no la cantidad de árboles. No había casas ni gente, eso sí.
     El que asumió la tarea de fotografiar aquello de muchas maneras fue Sixto Araiza: hombre de buena voluntad, pero bien torpe para el brete de hacer un clic exacto. Ponciano fue el afirmador de todo, movía la cabeza sin hablar, ya que era positivo, generoso. Al calor de las cervezas se daban las correcciones. ¿Por qué la mentira de la caída de agua?, ¿eh?, preguntó Serafín, y la respuesta del fotógrafo: Bueno, es que antes sí hubo lo dicho, eran otros tiempos, otra naturaleza. Hasta aquí lo oral, enseguida viene la interpretación: sí, sólo que ahora se imponía la horrorosa sequedad, como si la tierra se estuviera erosionando por quién sabe qué causas. ¿Y los árboles?, ¿a ver? Era efecto de lo mismo: la sequedad progresiva, no nada más allí sino a nivel mundial. Lo real era la ganga… a cien pesos el metro cuadrado, así que -veamos-: una oportunidad como ésa ¿dónde? No, pues ¡ni hablar! Serafín debía aprovechar la extraordinaria oferta porque si no… Él mismo conjeturaba que aquellos terrenos se venderían en un dos por tres y ¿con quién había que arreglarse? Otro gran problema para Ponciano y Sixto consistía en inventar a un personaje creíble, convincente, o localizar a quien que de a de veras estuviese dispuesto a mentir de buena fe y con solvencia… 

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