Ficha técnica

Título: A la intemperie | Autora: Rosamond Lehmann | Traductor: Regina López Muñoz | Editorial: errata naturae | Colección: Pasaje de los panoramas | Género: Novela | ISBN: 978-84-16544-30-1 | Páginas: 504 | Formato:  14 x 21,5 cm. |  PVP: 21,50 euros | Año de publicación: enero 2017 |

A la intemperie

ERRATA NATURAE

Olivia lleva una vida algo bohemia en el Londres de los años treinta: vive con poco dinero porque trabaja en el estudio de una amiga fotógrafa y comparte casa con su prima Etty; es una mujer aún joven e independiente, culta y sensible.

Un encuentro fortuito con el hombre del que estaba enamorada cuando era adolescente -noble, distinguido y ahora casado- desemboca en un amor prohibido y una nueva vida de breves llamadas telefónicas, angustiosas esperas y arrebatados encuentros… Pocas veces se han narrado las vidas de la burguesía inglesa y de las mujeres de la época de un modo tan singular.

He aquí, sin duda, una de las más destacadas novelas del canon modernista británico junto a las obras de Virginia Woolf, James Joyce, D. H. Lawrence y Jean Rhys. Se puede decir, incluso, que se trata de una obra sin igual en la literatura de los años treinta: Lehmann es una novelista de la más alta tradición y, sin embargo, una innovadora: la primera escritora en narrar verdaderamente sus historias a través de las percepciones y sentimientos femeninos. El gran Cyril Connolly la recibió así en su época: «Combina algo de la mundanidad de Colette con la perspicacia imaginativa de Virginia Woolf».

«Rosamond Lehmann crea un humor y una atmósfera que son propiamente suyos y nunca se olvidan, esa voz íntima de las mujeres hablándose a sí mismas». The Sunday Times

«Lehmann es imbatible en la descripción de la sociedad, tanto al hablar de la bohemia londinense como al hacerlo acerca de las clases altas». Vogue

 

PRIMERA PARTE

I

Se dio la vuelta en la cama, tomando conciencia de la orden: despiértate. Sal, sal del elemento que te mantiene sumergida… Pero aún es de noche… Entreabrió un ojo. Todo estaba a oscuras; un destello parduzco se filtraba por la grieta de las cortinas. La niebla le escoció ligeramente en la nariz y los párpados. Conque eso era: otra vez niebla. Puede que ya se haya hecho de día. Pero no me han llamado todavía. ¿Qué me ha despertado? Escucha… Sí: está sonando el teléfono, abajo, en la salita de Etty. A saber cuánto llevará sonando, pero nadie va a atenderlo. Maldita sea, mecachis en… ¡Señora Banks! ¡Señora Banks, cójalo! Clic, llave en la puerta; impermeable marrón, cinturón negro, estola de conejo, rápido, todo colgado detrás de la puerta. Cójalo, cójalo, que no tenga yo que levantarme… Etty, levántate, pedazo de inútil, so perezosa, eres desesperante, venga, cógelo de una vez… Fulminada por el profundo sueño matinal, claro, inconsciente entre sus almohadas y edredones de plumas.

     Olivia se enfundó la bata y bajó a trompicones las escaleras angostas y empinadas hasta la recargada salita de casa de muñecas de Etty, extraña bajo aquella luz crepuscular, viciado el ambiente por la insidiosa niebla y el humo de los cigarrillos de la víspera, asfixiado de cortinas color guinda, cojines plateado y verde manzana, sillones, mesas, escabeles, cajitas, platos y adornos de cristal, de piel de zapa y de esmalte. La salita le lanzó, desde su rincón más oscuro, un grito de reproche irritante y repetitivo, que pareció transformarse en siniestro silencio expectante en el momento en que Olivia casi se dejó caer sobre el escritorio minúsculo y desordenado, levantó el auricular y graznó:

      -¿Sí?

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