Ficha técnica

Título: A espaldas del lago | Autor: Peter Stamm | Traducción: José Aníbal Campos | Editorial: Acantilado | Colección: Narrativa del Acantilado, 243 | Temática: Relatos | Encuadernación: Rústica cosida| Formato: 13 x 21 cm | Páginas: 160 | ISBN: 978-84-16011-21-6 | Precio: 16 euros

A espaldas del lago

ACANTILADO

Peter Stamm reúne en este libro diez relatos situados en la región de Seerücken, al sur del lago de Constanza, lugar de origen del autor. En todos ellos se retrata la vida contemporánea con humor y sensibilidad a través de situaciones cotidianas y breves diálogos que sin embargo nos descubren la complejidad de las relaciones humanas. Peter Stamm nos acerca así a unos personajes que luchan por recobrar el control de sus vidas y desterrar la soledad, el miedo y el sentimiento de fracaso o de pérdida

«Los cuentos de Peter Stamm ejercen una rara fascinación en el lector. Un autor caracterizado por la intensidad de sus relatos breves, que se deriva de un uso notable de la elipsis, y por la incapacidad de sus personajes para expresarse, que lleva a que una profunda tensión entre lo que se dice y lo que se piensa o desea recorra todos los relatos».
Patricio Pron, El País

«Peter Stamm retrata con precisión las relaciones humanas de nuestro tiempo. La realidad fría y descarnada acecha siempre a los personajes. Stamm mantiene la contención y parquedad que ya llamaron la atención con su primer volumen de relatos, Lluvia de hielo. El hielo, aún, sigue cayendo sobre sus personajes, como la nieve caía sobre los de Joyce».
Isabel Gómez Melenchón, La Vanguardia

«Espléndida colección de relatos. Una prosa tan transparente como el aire de montaña y al mismo tiempo de una gran eficacia y una maestría formal clásica. Stamm, como su maestro Chéjov, rescata escenas cotidianas que se desarrollan al otro lado del lago alpino de Constanza, problemas o decisiones banales pero de una trascendencia sutil, profunda y conmovedora».
Alejandro V. García, Mercurio

«Stamm parece tener un don para controlar el tempo de cada historia, de cada una de las vidas que recrea con una sensibilidad inusitada. Son escenas cotidianas, la mayoría, pero que nada tienen de comunes por su forma de narrar. Dicho de otro modo, Stamm transforma lo banal en algo que nos resulta trascendente, al igual que un genio del relato breve llamado Raymond Carver. Intensos y talentosos estos relatos, sin duda alguna».
Eric Gras, Mediterráneo

«Peter Stamm es capaz de hacernos dudar de nuestros propios dogmas. ¿Qué más se le puede pedir a un libro?».
Zadie Smith

«Lo que convierte a Peter Stamm en un escritor al que hay que leer es la imagen de la vida contemporánea que nos ofrece».
Sarah Fay, The New York Times

«Peter Stamm tiene un talento especial para escudriñar lo cotidiano en pos de  esa otra cara de las cosas, y dar con lo insólito, lo enfermizo, lo  inacabado y embrionario, lo que acecha para hacernos daño a nada que nos dejemos y sin nuestro permiso».
Miguel Sánchez Ostiz, ABC

«Peter Stamm posee un extraordinario talento para la pieza breve. Recrea la peripecia del hombre contemporáneo».
Rafael Narbona, El Mundo

«Los personajes de Peter Stamm son piedras que caen en un estanque y no trazan círculos, pero lejos de resultar autómatas deprimentes, conforman ejemplos de soledad plácida y de autarquía emocional a la manera de las criaturas del cine de Aki Kaurismäki».
Antonio Lozano, Qué Leer

LOS VERANEANTES

-¿Viene usted solo?-volvió a preguntar la mujer al teléfono.

Yo no había entendido su nombre, no podía identificar su acento.

-Sí-dije-. Busco un lugar donde trabajar tranquilo.

Ella rio algo más de lo habitual en tales casos y luego preguntó en qué trabajaba.

-Escribo-le dije.

-¿Y qué escribe?

-Un trabajo sobre Máximo Gorki. Soy eslavista.

Su curiosidad me molestaba.

-¡Ah!-Por un momento pareció vacilar, como si no estuviera segura de que el tema le interesara-. Bien-dijo por fin-. Venga. ¿Conoce el camino?

En enero yo había asistido a un simposio sobre los personajes femeninos en las obras de Gorki. Mi ponencia sobre Los veraneantes debía aparecer en un volumen, pero con el ajetreo diario de la universidad no había tenido tiempo para revisarla y dejarla lista. Para ello me había tomado libre la semana anterior a las fiestas de la Ascensión, y había buscado un lugar donde nada consiguiera distraerme ni nadie pudiera localizarme. Un colega me había recomendado aquel balneario. De niño, él había pasado allí muchas vacaciones de verano: en algún momento el dueño del establecimiento fue a la quiebra, pero mi colega había oído decir que habían reabierto el hotel unos años atrás.

-Si buscas un lugar donde no pase nada de nada, ese sitio de ahí arriba es ideal para ti. De niño, yo lo odiaba.

Los autobuses hasta el balneario circulaban únicamente en verano. La mujer me había dicho por teléfono que no podría ir a recogerme, pero no dio ninguna razón; me dijo que podía subir a pie desde el pueblo más cercano, que la caminata no era larga, a lo sumo una hora.

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